jueves, 7 de julio de 2011

Ignorancia (cap. 5)


Narrador 2:

A fuera hacía una temperatura primaveral perfecta, pero eso solo significaba una cosa, que Frank nos haría volver locos de un lugar para otro, ya que era el más hiperactivo de todos. Él siempre nos hacía sacar una sonrisa, y no paraba hasta que no nos muriésemos de la risa; nos hacía correr en los días más calurosos del verano, o en los más fríos de invierno. Pero él es así. Nuestro Frankie era así. Era el típico chico que no aceptaba hacerse mayor.

Por la mañana fuimos a pasear por un parque enorme cerca del hotel donde nos hospedábamos. Pero de pronto, Frankie se paró en seco e izo que chocara contra él.

-          ¡J*der Frankie, no te pares de golpe!- le grité. Pero él seguía mirando hacia delante sin decir nada.

Luego yo también miré hacia su dirección. Allí delante había un contenedor amarillo por el suelo y me dí cuenta de que estábamos delante de la mansión que estábamos observando esa misma mañana. Él se arrodilló y puso toda la basura escampada por los lados dentro del contenedor y lo levantó. Luego se giró y vio una mancha de sangre en la pared de la enorme mansión.

-          Si que ha pegado fuerte por ser una chica- dijo sin dejar de mirar la mancha.
-          Ni que lo digas. Eso debe haber dolido, y mucho- dije con los ojos abiertos como naranjas.
-          Vaya con la chica….
-          ¿Qué pasa?- dijo Gerard.- ¿Por qué miráis esta mancha de sangre tan callados?- dijo mientras sacaba su cabeza por encima de mi hombro izquierdo y nos miraba intrigado.
-          Es que esta mañana…
-          No pasó nada- me cortó Frank sin miramiento alguno. Gerard se sobresaltó por este hecho, pero no dijo nada al respeto.- Solo que me he sorprendido por ver el contenedor al suelo y la sangre en la pared, nada más- dicho esto, nos dedicó una ancha sonrisa de las suyas y Gerard, en ver su calma, le correspondió. Los dos se fueron platicando y yo me quedé allí como un pasmarote sin saber muy bien como reaccionar. Al final, sonreí por mis adentros y caminé lentamente detrás de ellos.

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Narrador 1: Emylie

Cuando me desperté estaba sola tendida en la mi cama, igual que la otra vez; pero esta, era distinta. Recordaba a la perfección todo lo que había pasado y todo lo que me habían dicho, y eso hacia que el despertar fuera amargo. Respiré hondo para calmarme y no empezar a dar vueltas y mas vueltas a lo dicho, porqué lo que está hecho, hecho está. Luego, con mucha tranquilidad me levanté. Cuando lo hice, me di cuenta de que ya no llevaba el vestido de boda, sino un fino camisón de dormir. Supongo que entre Fio y Greene me cambiaron de ropa porqué estuviera más cómoda. En este momento empecé a pensar en todo lo que ellas habían hecho por mí. Era muy gratificante saber lo mucho que me querían, pero también era muy frustrante saber que nunca se lo podría agradecer como dios manda. Como el día en que me caí de las escaleras del edificio donde vive Matt. Ellas fueron las que siempre estaban conmigo, día y noche, sin importarles nada. Y ahora estábamos igual. Yo en un pozo sin fondo, llorando sin parar, y ellas aquí conmigo, en todo momento, para sacarme una sonrisa. Para mi fortuna, no podría tener mejores amigas que ellas. Desde el día del primer “accidente” con Matt, han estado mucho más conmigo y no han dejado que me comiera el coco, como dicen que hacen todas aquellas mujeres que sufren “accidentes” de su pareja. Pero eso ahora ya no importaba, él me había dejado tirada el día de mi boda, el que se suponía que sería el día más feliz de mi vida, ha terminado siendo un verdadero infierno hecho realidad.

Me desperté de mis pensamientos, cuando dieron unos golpecitos en la puerta de mi habitación. Enseguida entraron Greene y Fio. La primera entró primero y aguantó la puerta para la segunda, que llevaba una azafata con las dos manos. Fio dejó la azafata encima de mi mesilla de noche y las dos se sentaron encima de mi cama mirándome con una sonrisa, pero su expresión cambió de inmediato cuando me vieron el rostro. Supe el porqué de su reacción, cuando noté que se humedecían mis mejillas y se me entelaban los ojos con una fina cortina de agua salada. Ellas se miraban sin saber como reaccionar, y antes de que se dieran cuenta, ya me había tirado encima de ellas para darles un gran abrazo. Ellas, acto seguido, me rodearon con sus brazos y caímos las tres encima de la cama. Sin saber porqué, empezamos a reír como unas locas.

-          Emylie, hemos decidido con las chicas, que te iría bien salir un poco de casa- las dos se me quedaron mirando, esperando una respuesta afirmativa para su gusto.
-          Chicas, os lo agradezco, pero no tengo ganas de salir- dije incorporándome poco a poco, quedado sentada con la cabeza agachada mirándome los pies. Las dos sabían muy bien el porqué.
-          Pero Emylie, tienes q distraerte- me dijo Fio mientras juntaba nuestras manos y me miraba a los ojos. En sus ojos se podía ver su temor y compasión. Una compasión que no quería y que me entristecía aún más. Una compasión que hacía que de mis heridas internas brollara el mas doloroso veneno mezclado entre mi sangre. Un veneno que me carcomía por dentro, poco a poco.
-          Lo siento Fio- dije mientras sacaba las manos de entre las suyas con mas brusquedad de la querida.- No me apetece salir. No quiero salir- puntualicé con más énfasis la segunda frase, también dicha con sarcasmo.

Luego la miré. En su rostro se podía observar el disgusto y la tristeza de mi rechazo, tanto de su propuesta, como del contacto de sus manos con las mías. Al cabo de unos segundos ella bajó la mirada, se levantó y salió de la habitación sin decir nada más. Cuando sentí la puerta cerrarse, aún me sentí más culpable que antes. La culpabilidad me carcomía por dentro, como el veneno; lentamente pero eficaz. Noté como Greene no había apartado su mirada de mi des de que entró en la habitación. La miré con temor a que su mirada aún me hiciera sentir más culpable, y así fue. Su mirada era impenetrable, fría como el hielo. Eso me derrumbó definitivamente. Me quedé de pié, con la cabeza agachada mirando al suelo. Sabía q Greene iba a hablar de un momento u otro, y en el fondo, tenía mucho miedo a que esto sucediera.

- ¿Estás contenta?- me preguntó con un tono áspero, que se me clavó como un cuchillo en el pecho.- ¿Te alegras de haberla tratado de esta manera?- para por favor, basta.- ¿Te crees que puedes tratar mal a la gente, solo por qué tú estés mal?- basta, por favor, basta… ya no aguanto más. Las cuchilladas eran cada vez más fuertes y dolorosas.- Eso me demuestra que eres como todas las niñas ricas, que cuando algo no le va bien, se lo hace pagar a los demás con su mal humor; hipócrita- eso me dolió más que todas las cosas que me podía haber dicho, no quería que ella tuviera este concepto de mi. Antes de que pudiera abrir la boca, ella se levantó, se paró delante de mí durante dos segundos, y luego, sin decir nada, se fue cerrando la puerta de un portazo; dejándome a mi sola con mis remordimientos y mis heridas sangrientas.



Ser que he tardado muchísimo a subir este capítulo, pero es que entre exàmenes finales y una cosa y otra no he podido; espero que que me poerdoneis!(: Pero tambien espeor que os guste muchísimo! Que lo disfruteis!(L)