jueves, 7 de julio de 2011

Ignorancia (cap. 5)


Narrador 2:

A fuera hacía una temperatura primaveral perfecta, pero eso solo significaba una cosa, que Frank nos haría volver locos de un lugar para otro, ya que era el más hiperactivo de todos. Él siempre nos hacía sacar una sonrisa, y no paraba hasta que no nos muriésemos de la risa; nos hacía correr en los días más calurosos del verano, o en los más fríos de invierno. Pero él es así. Nuestro Frankie era así. Era el típico chico que no aceptaba hacerse mayor.

Por la mañana fuimos a pasear por un parque enorme cerca del hotel donde nos hospedábamos. Pero de pronto, Frankie se paró en seco e izo que chocara contra él.

-          ¡J*der Frankie, no te pares de golpe!- le grité. Pero él seguía mirando hacia delante sin decir nada.

Luego yo también miré hacia su dirección. Allí delante había un contenedor amarillo por el suelo y me dí cuenta de que estábamos delante de la mansión que estábamos observando esa misma mañana. Él se arrodilló y puso toda la basura escampada por los lados dentro del contenedor y lo levantó. Luego se giró y vio una mancha de sangre en la pared de la enorme mansión.

-          Si que ha pegado fuerte por ser una chica- dijo sin dejar de mirar la mancha.
-          Ni que lo digas. Eso debe haber dolido, y mucho- dije con los ojos abiertos como naranjas.
-          Vaya con la chica….
-          ¿Qué pasa?- dijo Gerard.- ¿Por qué miráis esta mancha de sangre tan callados?- dijo mientras sacaba su cabeza por encima de mi hombro izquierdo y nos miraba intrigado.
-          Es que esta mañana…
-          No pasó nada- me cortó Frank sin miramiento alguno. Gerard se sobresaltó por este hecho, pero no dijo nada al respeto.- Solo que me he sorprendido por ver el contenedor al suelo y la sangre en la pared, nada más- dicho esto, nos dedicó una ancha sonrisa de las suyas y Gerard, en ver su calma, le correspondió. Los dos se fueron platicando y yo me quedé allí como un pasmarote sin saber muy bien como reaccionar. Al final, sonreí por mis adentros y caminé lentamente detrás de ellos.

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Narrador 1: Emylie

Cuando me desperté estaba sola tendida en la mi cama, igual que la otra vez; pero esta, era distinta. Recordaba a la perfección todo lo que había pasado y todo lo que me habían dicho, y eso hacia que el despertar fuera amargo. Respiré hondo para calmarme y no empezar a dar vueltas y mas vueltas a lo dicho, porqué lo que está hecho, hecho está. Luego, con mucha tranquilidad me levanté. Cuando lo hice, me di cuenta de que ya no llevaba el vestido de boda, sino un fino camisón de dormir. Supongo que entre Fio y Greene me cambiaron de ropa porqué estuviera más cómoda. En este momento empecé a pensar en todo lo que ellas habían hecho por mí. Era muy gratificante saber lo mucho que me querían, pero también era muy frustrante saber que nunca se lo podría agradecer como dios manda. Como el día en que me caí de las escaleras del edificio donde vive Matt. Ellas fueron las que siempre estaban conmigo, día y noche, sin importarles nada. Y ahora estábamos igual. Yo en un pozo sin fondo, llorando sin parar, y ellas aquí conmigo, en todo momento, para sacarme una sonrisa. Para mi fortuna, no podría tener mejores amigas que ellas. Desde el día del primer “accidente” con Matt, han estado mucho más conmigo y no han dejado que me comiera el coco, como dicen que hacen todas aquellas mujeres que sufren “accidentes” de su pareja. Pero eso ahora ya no importaba, él me había dejado tirada el día de mi boda, el que se suponía que sería el día más feliz de mi vida, ha terminado siendo un verdadero infierno hecho realidad.

Me desperté de mis pensamientos, cuando dieron unos golpecitos en la puerta de mi habitación. Enseguida entraron Greene y Fio. La primera entró primero y aguantó la puerta para la segunda, que llevaba una azafata con las dos manos. Fio dejó la azafata encima de mi mesilla de noche y las dos se sentaron encima de mi cama mirándome con una sonrisa, pero su expresión cambió de inmediato cuando me vieron el rostro. Supe el porqué de su reacción, cuando noté que se humedecían mis mejillas y se me entelaban los ojos con una fina cortina de agua salada. Ellas se miraban sin saber como reaccionar, y antes de que se dieran cuenta, ya me había tirado encima de ellas para darles un gran abrazo. Ellas, acto seguido, me rodearon con sus brazos y caímos las tres encima de la cama. Sin saber porqué, empezamos a reír como unas locas.

-          Emylie, hemos decidido con las chicas, que te iría bien salir un poco de casa- las dos se me quedaron mirando, esperando una respuesta afirmativa para su gusto.
-          Chicas, os lo agradezco, pero no tengo ganas de salir- dije incorporándome poco a poco, quedado sentada con la cabeza agachada mirándome los pies. Las dos sabían muy bien el porqué.
-          Pero Emylie, tienes q distraerte- me dijo Fio mientras juntaba nuestras manos y me miraba a los ojos. En sus ojos se podía ver su temor y compasión. Una compasión que no quería y que me entristecía aún más. Una compasión que hacía que de mis heridas internas brollara el mas doloroso veneno mezclado entre mi sangre. Un veneno que me carcomía por dentro, poco a poco.
-          Lo siento Fio- dije mientras sacaba las manos de entre las suyas con mas brusquedad de la querida.- No me apetece salir. No quiero salir- puntualicé con más énfasis la segunda frase, también dicha con sarcasmo.

Luego la miré. En su rostro se podía observar el disgusto y la tristeza de mi rechazo, tanto de su propuesta, como del contacto de sus manos con las mías. Al cabo de unos segundos ella bajó la mirada, se levantó y salió de la habitación sin decir nada más. Cuando sentí la puerta cerrarse, aún me sentí más culpable que antes. La culpabilidad me carcomía por dentro, como el veneno; lentamente pero eficaz. Noté como Greene no había apartado su mirada de mi des de que entró en la habitación. La miré con temor a que su mirada aún me hiciera sentir más culpable, y así fue. Su mirada era impenetrable, fría como el hielo. Eso me derrumbó definitivamente. Me quedé de pié, con la cabeza agachada mirando al suelo. Sabía q Greene iba a hablar de un momento u otro, y en el fondo, tenía mucho miedo a que esto sucediera.

- ¿Estás contenta?- me preguntó con un tono áspero, que se me clavó como un cuchillo en el pecho.- ¿Te alegras de haberla tratado de esta manera?- para por favor, basta.- ¿Te crees que puedes tratar mal a la gente, solo por qué tú estés mal?- basta, por favor, basta… ya no aguanto más. Las cuchilladas eran cada vez más fuertes y dolorosas.- Eso me demuestra que eres como todas las niñas ricas, que cuando algo no le va bien, se lo hace pagar a los demás con su mal humor; hipócrita- eso me dolió más que todas las cosas que me podía haber dicho, no quería que ella tuviera este concepto de mi. Antes de que pudiera abrir la boca, ella se levantó, se paró delante de mí durante dos segundos, y luego, sin decir nada, se fue cerrando la puerta de un portazo; dejándome a mi sola con mis remordimientos y mis heridas sangrientas.



Ser que he tardado muchísimo a subir este capítulo, pero es que entre exàmenes finales y una cosa y otra no he podido; espero que que me poerdoneis!(: Pero tambien espeor que os guste muchísimo! Que lo disfruteis!(L)

domingo, 10 de abril de 2011

A. Locular (cap. 4)

Cuando por fin recobré el sentido, estaba tendida en mi cama. Cuando me di cuenta que estaba allí tendida sin el vestido de novia me sobresalté y me levanté de golpe.

-¡M*erda, mi boda!- grité, pero no dije nada más porqué me estaba volviendo a marear.
-Tranquila Emylie, tu boda ha sido anulada- me dijo Greene ayudándome a tenerme de nuevo a la cama.- ¿Recuerdas lo que ha pasado?- me preguntó mientras me dedicaba una sonrisa amplia de oreja a oreja.
-Solo recuerdo haber bajado al comedor a esperar a Matt, y luego… nada más que yo recuerde. Hablando de Matt, ¿Dónde está?- pregunté con una ancha sonrisa en la cara. Todas se miraron entre ellas, mientras podía observar en sus caras, un toque de ansiedad que no me gustó nada.- Chicas… ¿No me estaréis ocultando nada, no?- pregunté con mucha ansiedad, porqué fui capaz de ver a través de sus miradas. Fui capaz de ver la desesperación en sus ojos. Cada vez me estaba asustando más y más.
-Cariño- dijo Fio. En realidad se llamaba Fiorela, pero todo el mundo la llamaba así. Era una chica muy simpática y maja. Tenía el pelo largo negro y un flequillo cortito de lado. Junto con Greene eran mis mejores amigas. Sus ojos siempre me transmitían paz, pero en ese instante, sus ojos reflejaban angustia; y eso hacía que me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba.- Por culpa de los acontecimientos que han pasado, tu sistema nervioso se ha visto gravemente afectado, y por eso has estado mas de una hora y medio inconciente. Pero no te sobresaltes- me dijo cuando hice una mueca con la boca y abría los ojos como platos.- De momento no es nada grabe.
-Si, pero… ¿Cómo es que no me acuerdo de lo que paso?- pregunte asustada.
-Normalmente se debe a un trauma cerebral, pero en tu caso es una amnesia funcional- dijo muy convencida. Pero se dio cuenta de que par ami me hablaba en chino y me lo explicó más detalladamente. Pero antes de esto, bufó.- Si tienes una amnesia funcional, quiere decir que el cuerpo ha creado un estado de defensa contra ese recuerdo. Pero no creo que sea causada por una amnesia traumática, ya que Greene te cogió antes de que te dieras con la cabeza al suelo. lo más exacto sería decir que “supuestamente” tienes amnesia lacunal- terminó de decir muy orgullosa de su “fantástica” explicación. Pero yo no entendí ni una sola palabra.
-Vale, eso significa que tu falta de memoria está causada por un recuerdo en concreto. Es decir, tu subconsciente no quiere recordar lo que pasó porqué es demasiado doloroso para ti, o cree que no es bueno- dijo Greene explicándomelo con unas palabras mucho mas simples que entendí a la perfección.
-Vale, ahora lo he entendido mejor, pero… ¿Qué es esto que mi subconsciente no quiere recordar? Porqué yo si lo quiero saber- dije mirando primero a Fio y luego a Greene. Cogí el brazo de la última y la miré pidiéndole una explicación
-Mira, yo te considero como una hermana, pero creo que la más adecuada es Fio, ya que es psicóloga y sabrá como decírtelo sin gritar y ponerse histérica, porqué ya sabes que tengo muy poca paciencia- dijo con una expresión muy seria, y su todo de vos era muy suave, calmante, relajante… pero tenía un toque de amargura y rabia contenida. Luego me giré hacia Fio, mirándola fijamente a los ojos.
-Mira Emylie, la verdad es que no ser ni por donde empezar, ya que para mi no es muy agradable comunicarte esto, pero creo que estas en tu derecho de saberlo todo sobre Matt Pelissier- cuando pronunció ese nombre, Greene me rodeó por los hombros y Fio me cogió un mano. Con esos gestos, me temía lo peor, pero creo que fue poco lo que temí que la realidad.- Antes de que te desmayaras, estabas escuchando una conversación entre tu madre y Greene, que hablaban sobre Matt y que él no aparecería en la boda para casarse contigo- cuando dijo la última frase, unas finas gotas cayeron lentamente por mis mofletes, dejando que mi boca pronunciara unos finos sollozos y mi respiración de entrecortara.- Cuando tu madre llamó a Matt, él le dijo que no se presentaría, que podrías ir esperando horas, años, siglos; pero que por encima de su cadáver se ataría nunca a una mujer. Dijo también que él era libre como los pájaros. No se ataba a ningún lugar, que él de dejaba llevar por el viento, y solo el viento dirigía su rumbo en la vida- dio una pequeña pausa para secarme una lágrima que quería caer mejilla abajo.- Él no quiere saber nada sobre bodas ni tonterías de esas, por eso creo que estás malgastando cada gota que cae por tu mejilla en estos momentos. Creo que no se lo merece, por todo lo que te ha hecho sufrir, ¡por dios! Él era el que te pegaba, que te hacía daño sin sentido alguno; no merece ni tus lágrimas, ¡y mucho menos a ti! Tú eres una persona genial, eres encantadora, amigable, simpática, sonríes a todas horas, ¡y además tienes un corazón enorme!- dijo extendiendo los brazos a su máxima longitud.- No merece nada de ti.- En ese momento, solo quería llorar y llorar. Me tiré encima de Greene y empecé a llorar como una magdalena. Por mucho que quisiera, no podía parar. Noté como su mano me acariciaba mi largo cabello, ahora recogido en un alto peinado con perlitas. También noté como Fio posaba su mano en mi espalda y la frotaba muy cariñosamente. Luego, le tendí la mano y ella me la cogió. Creo que nos quedamos así mucho tiempo. La verdad es que no lo recuerdo porqué me quedé dormida.

lunes, 21 de marzo de 2011

"No quiero" (cap. 3)


Narra Emylie:

Estaba en mi habitación, dándome unos minutos de placer antes de empezar a prepararme para mi boda. Me metí en la bañera a darme un largo baño de espuma mientras pensaba en la boda, es mi vida después de ella. En que quería estar con Matt por el resto de mis días, ya que ningún hombre me había echo sentir tan feliz como él lo estaba haciendo. Mientras mis pensamientos me absorbían poco a poco, entró Greene sin llamar a la puerta y rompió todo el encanto del momento. Entró agitada. Llevaba las botas llenas de polvo y de los nudillos de su mano derecha brollaban gotas de sangre que le caían por la mano. Cuando lo vi me quedé sin palabras.

-          Emylie, se que no he hecho bien de decirte todo aquello, pero ya sabes que para mi eres muy importante. Decidas lo que decidas, siempre me tendrás aquí para apoyarte en todo- dijo mirándome a los ojos muy penetrantemente.

Esas palabras me llegaron al corazón y noté como brollaban unas finas lágrimas de mis ojos. Estaba llorando por esas palabras tan dulces que acababa de pronunciar. Ella, cuando me vio, sonrió picadamente y se arrodillo al lado de la bañera y me acarició el pelo. Luego, sin decir nada, cogió el peine y empezó a peinarme. No hablamos durante bastante tiempo, dejando que el momento nos absorbiera por completo, creando un estado de paz entre nosotras, porqué sabía que si decía algo relacionado con Matt y con la boda, desaparecería toda la magia del momento; y además, no tenía ganas de discutir con ella.
-          Emylie, mejor que vayas saliendo y nos arreglamos, que sino al final no estarás lista para tu boda- cuando pronunció las palabras “tu boda”, lo dijo con un tono de desprecio que no me cogió desprevenida, ya que a ella no le gustaba esa idea, desde el primer día que vio a Matt entrar por la puerta.
-          ¡A sus ordenes mi jefa!- dije poniéndome la mano en la frente como hacen los militares y conseguí que empezara a reírse a carcajadas.
-          Vamos camarada, sal rápido y vístete solo con la ropa interior, ¡porqué luego tengo que maquillarte para estar radiante!- dijo saliendo del baño y cerrando la puerta a su paso.

Salí y me vestí tal y como me li dijo Greene. Después, me sequé el pelo con el secador, dando un poco de volumen a mis ondas para que el peinado se pueda hacer más deprisa. A lo pocos minutos, entró Greene con su equipo de maquillaje, apunto para la carga.

Nos pasamos el resto de la mañana y de la tarde arreglándonos con mucha cura para que las dos estuviéramos perfectas. Cada hora que pasaba, estaba más y más nerviosa, llegando al punto que me puse a gritar como una loca.

-          ¡Por dios, cálmate! Me estás poniendo nerviosa a mi también- gritó Greene en un momento en el que no podía parar de caminar de un lado a otro de la sala.
-          Lo siento- dije y me senté encima de la cama.

Pasamos un par de horas así. Ella a mi lado jugando a las cartas, de vez en cuando mirando por la ventana para mirar los invitados que habían llegado, etc. Hasta que solo faltaron menos de veinte minutos para mi gran entrada. Cuando iba a bajar para preparar mi entrada, mi madre apareció por la puerta dirigiéndose hacia mí.

-          Hija, querida. Matt aún no ha llegado. Esperemos unos minutos más, ¿de acuerdo? Debe de estar al caer- me dijo regalándome una sonrisa forzada, para no alarmarme.
-          Ven Emylie- me dijo Greene poniéndome una mano en le hombro y dirigiéndome hacia una silla del salón para que me sentase mientras ella iba a hablar a la habitación del lado.

Cuando estuvieron fuera, cerraron la puerta y empezaron a hablar. ¡Me moría de ganas de saber de qué hablaban! Y creo que este fue mi gran error. Me acerqué sigilosamente y me puse a escucharlas a través de la puerta.

-          Tengo malas noticias. Como veía que Matt no venía, le he llamado y me ha dicho que no tiene intención de venir y casarse con mi hija- dijo mi madre con la voz quebrada por las lágrimas.
-          Lo sabía, sabía que no podíamos confiar en él. Le lo advertí a Emylie, pero ella ni caso, no me escuchaba, y míranos a ahora. Estamos aquí, esperando a un novio que nunca aparecerá y con Emylie al otro lado ilusionada con su boda.
-          Pero, ¿Qué quieres que hacer? ¿Se lo decimos a Emylie?
-          Claro que se lo tenemos que decir, pero no ahora mismo, porqué sería muy fuerte para ella. Dejaremos que vayan pasando las horas y que se de cuenta ella misma de que Matt no era el chico que ella pensaba que era. Pero en el momento dado, seré yo la quien le comunique todo lo que ha pasado- dijo todo esto con un tono de seriedad muy alto, como si de verdad fuera un militar.

Admiraba también su firmeza, pero fe fuñe imposible contener mis lágrimas al oírlo todo. Matt, el chico con el que me iba a casar, con el que soñé una vida a su lado, y por su culpa me mosqueé tantas veces con Greene. Ella ya me lo decía, siempre me lo decía, y nunca la quise escuchar. Siempre le decía que era muy cabezota, pero la cabezota era yo.

En ese momento, cuando me iba a desmayar, ella salió por la puerta y me cogió al vuelo, haciendo así que no me diera con la cabeza al suelo.

El que tenía que haber sido el mejor día de mi vida, terminó siendo el pero. A partir de ese momento, a cada chico que apareciera en mi vida diciéndome que me quiere y quiere casarse conmigo, le diría orgullosamente; “no quiero.”

Observaciones (cap.2)

Narrador 2:

Me desperté con un dolor de cabeza impresionante, ya que la pasada noche estuvimos bebiendo hacía muy tarde celebrando el éxito del concierto. Me levanté intentando hacer el menos ruido posible, cogí mi chaqueta y me fui al balcón. Allí me encontré con Frank que se estaba fumando un cigarrillo.

-          ¡Buenos días Bella durmiente!- dijo con tono burlesco mientras se echaba a reír a carcajadas.
-          Tampoco es que sea el último de levantarme, aún están todos en la cama- dije señalando la ventana para que pudiera verlos a todos dormir.
-          ¿Quieres uno?- me dijo señalando el paquete de cigarrillos.
-          No fumo, ya lo sabes. Además, es malo para la salud porqué… - me paró en seco.
-          Para el carro. No vuelvas a echarme la bronca que ya la he oído muchas veces, ¿vale?- dijo mientras me miraba con cara de “que pesado es este”.
-          Vale, vale- dicho esto, volvió a mirar hacía una dirección en concreto que no supe encontrar.- ¿Dónde estas mirando con tanto interés?
-          A esa chica que está apoyada en la pared de esa mansión- dijo sin dejar de mirar. Volteé la cabeza y la vi. Era una chica alta, pelirroja; pero iba vestida de una manera muy rara, pero le quedaba genial por el tipo que tenía.- Es muy guapa- dije sin quitarle los ojos.
-          Ni que lo digas. Pero tiene cara de estar cabreada por algo.
-          ¿Por qué lo dices?- pregunté con cara extrañada. Lo miré fijamente a los ojos y él también me miró.
-          Porqué cuando salió de esa casa dio un portazo muy fuerte y le dio una patada al contenedor de color amarillo de al lado de la estación de metro- me dijo mientras señalaba el contenedor tirado por el suelo.
-          J*der, si que esta cabreada- cuando dije esto, la chica pelirroja dio un puñetazo a la pared y volvió a entrar en la mansión. Los dos nos quedamos sin respiración. No era normal ver a una chica hacer estas cosas.
-          No está cabreada, ¡está cableadísima!- dijo Frankie abriendo los ojos como platos mientras observaba la escena.
-          Jajajajajaja, ni que lo digas- en ese momento dieron unos golpecitos en la ventana y un chico del Staff nos estaba mandando a llamar a dentro para ir a dar una vuelta por allí. Frank y yo nos miramos y entramos mientras nos reíamos a carcajada limpia por las caras de dormidos que hacían los demás, todos recién levantados.


Narra Frank:

Yo aún no sabía que es lo que le pasaba a esa chica, pero en mi interior, no pude dejar de pensar en ella y sus golpes durante el resto de la mañana.

Refleciones (cap.1)

Narrador 1:

Noté como los rayos de sol entraban a través de la gran ventana de mi habitación y no pude contener una gran sonrisa antes de levantarme de la cama. Hoy, el día que había esperado desde que era muy pequeña. El día en que daría el “Si quiero”, el día que me uniría a él para el resto de mi vida.

Me cubrí con un fino albornoz y bajé las escaleras hasta llegar al comedor. Era una sala grande, con mucho espacio y muy luminosa, ya que un gran ventanal cubría toda una pared y dejaba pasar toda la luz del sol.

Me fui acercando poco a poco al enorme ventanal dejando que el hermoso paisaje del otro lado captara toda mi atención. Las mesas blanca, las flores que lo adornaban todo. Ahora mismo, podría asegurar que era la mujer más feliz del mundo sin mentir.

-          ¡Hola bella durmiente!- noté como unos brazos se enrollaban en mi cintura y me besaban en la boca haciendo que un grito procedente de mi garganta se ahogara en seco.

Me giré y cerré los ojos mientras enrollaba mis brazos alrededor de su cuello, fundiéndome así con él.

-          Ejem, ejem.-  alguien dijo a nuestras espaldas, y por eso nos separamos. Era Greene, cosa que no me sobresaltó, ya que habíamos quedado que nos encontraríamos por la mañana en mi casa. Estaba allí, apoyada en el marco del ventanal, solo a unos metros de distancia de nosotros. Llevaba sus botas militares negras con una ralla roja y otra azul en sus pies. Como siempre, llevaba unos tejanos grises desgastados con un pañuelo amarillo en su pierna izquierda y su chaqueta azul de la marca “Dead Pegasus”. De pronto se movió y apartó las manos de Matt de mi cintura y se removió su melena pelirroja con mucho encanto.- Haber “querido” Matt. ¿Qué parte de “no quiero que morrees a Emylie delante mío” no has entendido?- dijo, por mi gusto, con demasiado sarcasmo.
-          Haber “querida” Greene. Emylie es “mi” novia y esta tarde me caso con ella. Si te gusta bien, y si no también- dijo él tocándole el pelo. Ella apartó su mano con mucha rapidez.
-          Mira, a mi no me vengas con chorradas, cuando des el “Si quiero” luego hablamos, pero hasta ese momento no me toques con tantas confianzas. Y ahora, vete, que con “la novia” tenemos que hablar de muchas cosas- dijo mientras hacía un movimiento de mano diciéndole que se fuera. Él me besó en la mejilla y se fue.
-          ¡Greene! Pobrecito… ya sabes que no me gusta que lo trates así- dije con cara de pena.
-          Y tú ya sabes que él a mi no me gusta, me da mala espina. Yo solo quiero que seas feliz, porqué para mi eres más que mi mejor amiga, ¡eres mi hermana!
-          ¡Eso ya lo ser! Su tú para mi también, pero mi felicidad es estar con él.
-          Si, tú felicidad es caerte por las escaleras, darte con la nevera y ser pegada con un bate de béisbol en la espalda. Si no dime… ¿Cómo te has hecho todos estos moratones? Creo que no se hacen solos, y cada uno tiene un nombre, y este es “M-A-T-T     P-E-L-I-S-S-I-E-R”- me dolió cuando remarcó cada una de las letras del nombre de mi prometido con un tono de voz muy sarcástico que me hacía sentir como si no fuera nada.
-          Mira Greene, ya hemos discutido esto un millón de veces. Yo ser que él lo hace sin querer y que me ama de verdad, mi corazón me lo dice.
-          Tú sigue creyéndote todo lo que te dice el corazón, y algún día te veré salir en las noticias: “Muerte en la casa X por maltrato de género. La mujer se llama Emylie Pelissier y tubo una trágica muerte por culpa de su marido Matt Pelissier, del cual aún no se ha encontrado rastro de él”- lo dijo imitando la vos del presentador de la MTV que nos hacía tanta gracia a las dos.- Y ya sabes que no quiero que eso pase. Pero la decisión es tuya, escoge el camino para ser feliz- dicho eso, me dio un beso en la frente y se fue por donde vino, sin decir ni una palabra más.

Me quedé allí plantada como un pasmarote, mirando la puerta por donde hacía pocos segundos, my mejor amiga había cruzado para irse y dejándome a mí con un amargo gusto en la boca por todo lo que me había dicho; pero yo sabía que él no era mala persona, y que esta tarde, le iba a dar el “Si quiero”.

Prefacio

Narrador 2:

Estábamos todos sentados en silencio en el camerino, rezando para nuestro éxito, cuando una mujer alta y esbelta nos interrumpió para darnos una carta urgente. Cuando nos la dio, se fue sin decir nada más. Todos nos quedamos mirando la carta y al final la leí en voz alta. La carta decía:

Queridísimos MCR!

Seguro que ya ni os acordáis de mi, eh?
Os hago llegar esta carta para deciros que en teoría me caso mañana, pero aún no lo tengo del todo claro.
Mi novia está tan entusiasmada pero no ser que hacer… porqué ya sabes que a mi no me van las ataduras para siempre…
Bueno, ¡os quiero desear mucha suerte a todos!
Cuídense,

Matt Pelissier.

Todos nos quedamos boquiabiertos con la noticia que Matt se casaba, o eso es lo que de momento tenía pensado. Todos sabíamos que Matt nunca se ligaba a algo para siempre, y mucho menos a con una mujer. O Matt ha cambiado durante estos últimos años y ha encontrado a una chica con la que ha podido poner sus alocadas ideas en orden, o la pobre chica mañana lamentaría haberlo conocido.

- Espero que la chica le haya hecho cambiar, porqué si no pobre chica- dije con un toque melancólico, ya que ya nos había dicho miles de veces que se casaba, pero nunca se presentó en la boda y todo acabó en una tragedia. Deseo con toda mi alma que esta vez sea distinto.

Todos nos sumimos en nuestros pensamientos porqué el murmullo de voces se fue sin darnos cuenta. De repente una voz grave me sobresaltó

- Siento deciros eso chicos, pero el Sr. Iero está haciendo de las suyas y ya está camino al escenario apunto de empezar a tocar.

Se nos abrieron los ojos como naranjas cuando oímos los gritos del público y ¡a Frank que empezaba a hablar como un loco! Todos nos miramos y suspiramos a la vez. Siempre lo mismo. Cuando todos estamos despistados, él se va sin hacer ruido y empieza hacer de las suyas. Es como un niño chico que no se puede controlar.

Todos cogimos nuestras cosas y salimos. Cuando salí, le di una colleja a Frank, mientras él empezaba a reír como un desesperado.