Narra Emylie:
Estaba en mi habitación, dándome unos minutos de placer antes de empezar a prepararme para mi boda. Me metí en la bañera a darme un largo baño de espuma mientras pensaba en la boda, es mi vida después de ella. En que quería estar con Matt por el resto de mis días, ya que ningún hombre me había echo sentir tan feliz como él lo estaba haciendo. Mientras mis pensamientos me absorbían poco a poco, entró Greene sin llamar a la puerta y rompió todo el encanto del momento. Entró agitada. Llevaba las botas llenas de polvo y de los nudillos de su mano derecha brollaban gotas de sangre que le caían por la mano. Cuando lo vi me quedé sin palabras.
- Emylie, se que no he hecho bien de decirte todo aquello, pero ya sabes que para mi eres muy importante. Decidas lo que decidas, siempre me tendrás aquí para apoyarte en todo- dijo mirándome a los ojos muy penetrantemente.
Esas palabras me llegaron al corazón y noté como brollaban unas finas lágrimas de mis ojos. Estaba llorando por esas palabras tan dulces que acababa de pronunciar. Ella, cuando me vio, sonrió picadamente y se arrodillo al lado de la bañera y me acarició el pelo. Luego, sin decir nada, cogió el peine y empezó a peinarme. No hablamos durante bastante tiempo, dejando que el momento nos absorbiera por completo, creando un estado de paz entre nosotras, porqué sabía que si decía algo relacionado con Matt y con la boda, desaparecería toda la magia del momento; y además, no tenía ganas de discutir con ella.
- Emylie, mejor que vayas saliendo y nos arreglamos, que sino al final no estarás lista para tu boda- cuando pronunció las palabras “tu boda”, lo dijo con un tono de desprecio que no me cogió desprevenida, ya que a ella no le gustaba esa idea, desde el primer día que vio a Matt entrar por la puerta.
- ¡A sus ordenes mi jefa!- dije poniéndome la mano en la frente como hacen los militares y conseguí que empezara a reírse a carcajadas.
- Vamos camarada, sal rápido y vístete solo con la ropa interior, ¡porqué luego tengo que maquillarte para estar radiante!- dijo saliendo del baño y cerrando la puerta a su paso.
Salí y me vestí tal y como me li dijo Greene. Después, me sequé el pelo con el secador, dando un poco de volumen a mis ondas para que el peinado se pueda hacer más deprisa. A lo pocos minutos, entró Greene con su equipo de maquillaje, apunto para la carga.
Nos pasamos el resto de la mañana y de la tarde arreglándonos con mucha cura para que las dos estuviéramos perfectas. Cada hora que pasaba, estaba más y más nerviosa, llegando al punto que me puse a gritar como una loca.
- ¡Por dios, cálmate! Me estás poniendo nerviosa a mi también- gritó Greene en un momento en el que no podía parar de caminar de un lado a otro de la sala.
- Lo siento- dije y me senté encima de la cama.
Pasamos un par de horas así. Ella a mi lado jugando a las cartas, de vez en cuando mirando por la ventana para mirar los invitados que habían llegado, etc. Hasta que solo faltaron menos de veinte minutos para mi gran entrada. Cuando iba a bajar para preparar mi entrada, mi madre apareció por la puerta dirigiéndose hacia mí.
- Hija, querida. Matt aún no ha llegado. Esperemos unos minutos más, ¿de acuerdo? Debe de estar al caer- me dijo regalándome una sonrisa forzada, para no alarmarme.
- Ven Emylie- me dijo Greene poniéndome una mano en le hombro y dirigiéndome hacia una silla del salón para que me sentase mientras ella iba a hablar a la habitación del lado.
Cuando estuvieron fuera, cerraron la puerta y empezaron a hablar. ¡Me moría de ganas de saber de qué hablaban! Y creo que este fue mi gran error. Me acerqué sigilosamente y me puse a escucharlas a través de la puerta.
- Tengo malas noticias. Como veía que Matt no venía, le he llamado y me ha dicho que no tiene intención de venir y casarse con mi hija- dijo mi madre con la voz quebrada por las lágrimas.
- Lo sabía, sabía que no podíamos confiar en él. Le lo advertí a Emylie, pero ella ni caso, no me escuchaba, y míranos a ahora. Estamos aquí, esperando a un novio que nunca aparecerá y con Emylie al otro lado ilusionada con su boda.
- Pero, ¿Qué quieres que hacer? ¿Se lo decimos a Emylie?
- Claro que se lo tenemos que decir, pero no ahora mismo, porqué sería muy fuerte para ella. Dejaremos que vayan pasando las horas y que se de cuenta ella misma de que Matt no era el chico que ella pensaba que era. Pero en el momento dado, seré yo la quien le comunique todo lo que ha pasado- dijo todo esto con un tono de seriedad muy alto, como si de verdad fuera un militar.
Admiraba también su firmeza, pero fe fuñe imposible contener mis lágrimas al oírlo todo. Matt, el chico con el que me iba a casar, con el que soñé una vida a su lado, y por su culpa me mosqueé tantas veces con Greene. Ella ya me lo decía, siempre me lo decía, y nunca la quise escuchar. Siempre le decía que era muy cabezota, pero la cabezota era yo.
En ese momento, cuando me iba a desmayar, ella salió por la puerta y me cogió al vuelo, haciendo así que no me diera con la cabeza al suelo.
El que tenía que haber sido el mejor día de mi vida, terminó siendo el pero. A partir de ese momento, a cada chico que apareciera en mi vida diciéndome que me quiere y quiere casarse conmigo, le diría orgullosamente; “no quiero.”