Narrador 2:
Me desperté con un dolor de cabeza impresionante, ya que la pasada noche estuvimos bebiendo hacía muy tarde celebrando el éxito del concierto. Me levanté intentando hacer el menos ruido posible, cogí mi chaqueta y me fui al balcón. Allí me encontré con Frank que se estaba fumando un cigarrillo.
- ¡Buenos días Bella durmiente!- dijo con tono burlesco mientras se echaba a reír a carcajadas.
- Tampoco es que sea el último de levantarme, aún están todos en la cama- dije señalando la ventana para que pudiera verlos a todos dormir.
- ¿Quieres uno?- me dijo señalando el paquete de cigarrillos.
- No fumo, ya lo sabes. Además, es malo para la salud porqué… - me paró en seco.
- Para el carro. No vuelvas a echarme la bronca que ya la he oído muchas veces, ¿vale?- dijo mientras me miraba con cara de “que pesado es este”.
- Vale, vale- dicho esto, volvió a mirar hacía una dirección en concreto que no supe encontrar.- ¿Dónde estas mirando con tanto interés?
- A esa chica que está apoyada en la pared de esa mansión- dijo sin dejar de mirar. Volteé la cabeza y la vi. Era una chica alta, pelirroja; pero iba vestida de una manera muy rara, pero le quedaba genial por el tipo que tenía.- Es muy guapa- dije sin quitarle los ojos.
- Ni que lo digas. Pero tiene cara de estar cabreada por algo.
- ¿Por qué lo dices?- pregunté con cara extrañada. Lo miré fijamente a los ojos y él también me miró.
- Porqué cuando salió de esa casa dio un portazo muy fuerte y le dio una patada al contenedor de color amarillo de al lado de la estación de metro- me dijo mientras señalaba el contenedor tirado por el suelo.
- J*der, si que esta cabreada- cuando dije esto, la chica pelirroja dio un puñetazo a la pared y volvió a entrar en la mansión. Los dos nos quedamos sin respiración. No era normal ver a una chica hacer estas cosas.
- No está cabreada, ¡está cableadísima!- dijo Frankie abriendo los ojos como platos mientras observaba la escena.
- Jajajajajaja, ni que lo digas- en ese momento dieron unos golpecitos en la ventana y un chico del Staff nos estaba mandando a llamar a dentro para ir a dar una vuelta por allí. Frank y yo nos miramos y entramos mientras nos reíamos a carcajada limpia por las caras de dormidos que hacían los demás, todos recién levantados.
Narra Frank:
Yo aún no sabía que es lo que le pasaba a esa chica, pero en mi interior, no pude dejar de pensar en ella y sus golpes durante el resto de la mañana.
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